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viernes, 14 de noviembre de 2014

Una Lectura Placentera en el Metro



Una amiga de Silvia le habló de un blog de relatos eróticos, que ella era visitante y lectora asídua y a Silvia le picó la curiosidad y un día mientras iba a un sitio en el metro, aprovechó para leer ese blog desde su tablet. 

Cómo no quedaban asientos libres tuvo que hacer el trayecto de píe, y escribió la dirección del blog y entró en el y le dio a un relato cualquiera y desde el primer momento se astrajo de todo lo que ocurría a su alrededor y se centró en la lectura del relato.

Desde la primera linea, Silvia se dio cuenta de que el autor sabía erotizar a cualquiera que lo leyera. Silvia ya estaba tan metida en la vivencia del relato, que su cuerpo ya empezaba a reaccionar al estimulo del relato. Debajo de su ropa, le empezaban a endurecerse sus pezones rosados y debajo de los leggins que llevaba, ya le empezaba a humedecer su sexo.

A mitad del relato notó una mano dentro de sus leggins, era la manno de un chico que estaba detrás suyo, pero a Silvia no le importaba el gesto descarado porque la lectura del relato era tan envolvente que si no fuera por la mano del chico, Silvia se volvería loca del placer sin poder aplacarlo.

El chico sabía donde tocar y a que velocidad mientras que Silvia solo era capaz de sobarse las tetas por encima de la camiseta ajustada que ella llevaba.

Cuando Silvia acabó la lectura del relato, la mano del chico ya no estaba y  el chico tampoco. Silvia vio su parada recogió su tablet y se bajó del metro, cuando volvió a la realidad se dio cuenta, que en el medio de sus leggins había una gran mancha de sus fluidos vaginales, y en sus labios una sonrisa de satisfacción.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El Castigo de la Diablesa: Doble Infierno


Abrahel pensó que ya era hora de dar la segunda lección de dominación al joven y para eso lo llamó por teléfono y le dijo que fuera a su casa porque tenía que enseñarle una cosa.

El joven se duchó y se vistió y se dirigió a la casa de Abrahel  y cuando llegó a su puerta estaba media abierta y oía voces y una de ellas le dijo que estaba en el césped  tomando el sol y el joven bajó una escalera de caracol hasta un pequeño césped , donde había una tumbona negra, donde estaba la diablesa, con un escueto bikini negro y al lado estaba situada una joven rubia, ojos azules, buen cuerpo. Vestía un bikini blanco. Abrahel se levantó de la tumbona y le dijo algo al oído a la joven y se tumbó boca abajo en la tumbona y se acercó al joven y le dijo que a la joven la tenía que erotizar, pero sin copular con ella y el joven aceptó el reto impuesto por Abrahel.   

El joven se acercó a la tumbona y vio, que al lado de ella había un bote de crema solar y lo cogió y abrió e hizo una cruz en la espalda de la joven sorteando perfectamente el bikini blanco.

A continuación, empezó a extendérsela por la espalda lentamente con la yema del dedo índice izquierdo, haciéndole círculos lentos por toda su columna vertebral, que hacía gemir levemente a la joven.

En un momento dado, la joven desató el nudo de su bikini, para que el joven pudiese masajear libremente su cuerpo. El joven siguió masajeando ese cuerpo, hasta que la joven le comunico que podía seguir por abajo, El joven repitió la operación de la crema solar y empezó a masajear las piernas ahora ya con las dos manos de arriba abajo, que la joven agradecía con leves gemidos.

Por la mente de Abrahel, pasaba que lo que estaba viendo y sobre todo oyendo no era lo que estaba sucediendo de verdad. Había infravalorado las habilidades de ese joven para erotizar a esa joven o a cualquiera mujer con tan solo rozarla con sus dedos, y por primera vez, ella era la que había caído en su propio juego y sentía celos y envida por no ser la que no recibiese ese trato del joven ni ser la que gemía. Solo era una mera espectadora de esa situación provocada por ella y solo estaba empezando.

Las manos de la joven se dirigieron  al tanga de su bikini para que le masajeara el culo y su sexo y acto seguido, lo deslizó hacia abajo hasta que cayó frente a la tumbona. Poco después el joven masajeó el culo despacio y con delicadeza. El sexo de la joven estaba totalmente depilado y era suave al tacto y se erizaba al pasar de los dedos del joven, que en un momento dado, dejó de masajear a la joven y se colocó enfrente de la tumbona y la joven separó instintivamente sus piernas y el joven se agachó y lamió el ano de la joven con su lengua haciendo con ella círculos lentos durante unos minutos y cuando acabo con su trabajo bucal recogió el tanga y se lo volvió a poner para seguir con el masaje.

Mientras que recibía el masaje bucal en su ano, la joven se estimulaba su sexo con la única ayuda del roce de la tumbona. Poco después, el joven le digo a a la joven que se pusiera boca arriba y la ella obedeció. El joven le pidió a Abrahel un pañuelo negro y un guante suave y en unos pocos minutos se los al joven. Primero vendó los ojos a la joven y a continuación, él se puso el guante.

Empezó por masajear los labios, siguiendo su contorno perfectamente, después escote, y senos, ahí con una yema rozó los pezones de la joven, que enseguida se endurecieron como fresones a punto de caer, siguió dando un rodeo por su ombligo, hasta llegar al sexo de la joven,  que ya lo esperaba con ansía. 

El joven, localizó el incipiente e hinchado clítoris, y lo masajeó lentamente por encima del tanga, que empezaba mojarse por la reacción al excitante trabajo dactilar del joven. Poco después, el joven decidió quitar el tanga a la joven y trabajar así sin obstáculos. 

Abrahel ya estaba al borde de la desesperación porque veía que la joven estaba recibiendo un placer que ella, lo deseaba solo para ella y solo podía autosatisfacerse para calmar la excitación inducida por la visión del joven aplicándole toda esa sabiduría y habilidad erótica a la joven, que ella no supo manipular para su propio placer.

El joven metió un dedo en el sexo de la joven y empezó con un  frenético mete-saca, que hizo que la joven tuviera un apoteósico y merecido orgasmo, que le hacía lanzar chorros de flujo vaginal  de su coño al césped. 

Cuando el geiser femenino hubo lanzado la última gota del último chorro, el joven se colocó de nuevamente enfrente de la tumbona se agachó y le hizo un cunnilingus, mientras, que Abrahel subía por la escalera de caracol diciendo Lección enseñada y aprendida, el Alumno se convirtió en el Maestro.

lunes, 13 de octubre de 2014

El Castigo de la Diablesa: Primera Lección: Ver sin Tocar


Dice una leyenda, que una noche de verano, que había la luna llena más mágica en siglos, estaba caminando un joven, como un zombie, acompañado por una joven muy guapa, con el pelo de fuego y la piel blanca, que le susurraba cosas al oído. 

La joven era Abrahel, una demonio sexual, y el joven era su nueva adquisición. Lo cautivó en un sueño húmedo del joven, que Abrahel se lo indujo porque el joven decía, que un demonio así no lo iba a dominar. 

Después de esas palabras, Abrahel, decidió dar una lección a ese joven, esa misma noche lo visitó, y le incitó oníricamente. Se presentó frente a él con un vestido largo blanco muy escotado, que le dejaban sus senos casi totalmente al aire. En un lateral del vestido había una gran abertura desde la cadera que le llegaba hasta el tobillo e iba descalza. 

El escenario del sueño era un amanecer en una orilla de una playa desierta. El joven estaba desmayado en la orilla colocado boca arriba parecía que estaba soñando con un antiguo naufragio, que tuviera meses atrás. Abrahel se acercó y le dio suaves palmadas en la cara para que reaccionará y éste lo hizo pero estaba desorientado y cuando vio los ojos azules de Abrahel, se notó más relajado y ella le ayudó a sentarse en la arena, y el joven le dio las gracias y empezó a bersarla en el cuello y Abrahel le sonreía. 

Cada vez que batían las olas, tanto la melena de fuego como el vestido blanco se empapaban con el agua salada del mar. Entonces, Abrahel volvió tumbar al joven en la mojada arena y ella se colocó encima mientras el joven la besaba por el cuello y ella se iba desnudando poco a poco. 

Cuando el joven vio sus pezones eran como dos pequeños rubíes que se movían al compás del viento y que al mirarlos eran tan bellos como dos gotas de sangre, que todo vampiro querían beber.


Al del joven había un gran tablón de madera en buen estado y unas cuerdas. Abrahel cogió el tablón y se inclinó sobre la cara del joven y con una de sus manos le levantó la cabeza y fue deslizando el tablón detrás de la cabeza mientras el aprovechó para chupar e lamer los pezones rojizos de Abrahel hasta ponérselos erectos. A continuación cogió las cuerdas y le ató las manos por las muñecas al tablón y le dijo lo siguiente:

- Primera Lección: Ver sin Tocar - Le dijo Abrahel al joven con una sonrisa entre pícara y malvada.


El joven quería hablar pero no podía, Abrahel le quitara su voz con un gesto de sus dedos. Abrahel rozaba poco a poco el torso del joven lentamente con las yemas de sus dedos. Primero los pezones haciendo círculos lentos, que hacían que el joven lanzara gemidos y jadeos sordos, que después se transformaron en más profundos cuando Abrahel acercó su lengua infernal a ellos lamiéndoselos poco a poco.

Abrahel siguió lamiéndole alrededor del ombligo del joven, siguió bajando hasta los harapientos restos de sus pantalones, de vez en cuan miraba de reojo la cara del joven para ver como era poseído por la lujuria y la dominación por una mujer tan exuberante como era Abrahel.

Abrahel le arrancó los restos de ropa que cubrían al joven y descubrió un pene largo pero delgado y al verlo le dijo al joven que eso lo había que arreglar. 

Abrahel se situó encima de la boca del joven y se incorporó y el joven empezó a lamer lentamente el sexo de Abrahel, que se movía al compás de las lamidas del joven, mientras oía los gemidos infernales de Abrahel.

Cuando el joven llevaba un buen rato deleitándose con el coño depilado de Abrahel, ésta se levantó y se  colocó frente al joven y le dijo que ahora le gustaba más y le dio un beso en el glande ya en erección completa del joven y Abrahel desapareció. 

Acto seguido, el joven despertó y estaba a salvó en su cama, se destapo y miró con sorpresa que tenía una gran erección, mientras resonaba una gran carcajada  maléfica y femenina en su habitación.

jueves, 2 de octubre de 2014

Poniéndome en forma


Cuando entro por la puerta del gym, me siento observada por ti. Tus ojos se clavan en mi escotazo y en mi culo, cuando paso delante tuya. Entro en el vestuario y me cambio de ropa para empezar a sudar de lo lindo. En esta ocasión elegí un mini top blanco y unas mallas ajustadas negras, eso sí sin ropa interior, que me da alergia y es más cómodo para mí el  no llevarla casi nunca. 

Salgo del vestuario, con una coleta para que no me estorbe a hacer los ejercicios. Voy directa a las pesas de mano y cojo unas de 2kg cada una en cada mano y me pongo frente a un espejo y empiezo mi serie, tu me miras como subo y bajo las pesas rítmicamente. Ves como las primeras gotas de sudor caen por mi frente caen al escote del top y se pierden bajo de él.

Acabo mi serie, tu te acercas me ofreces una toalla limpia y me la pasó por mi escote, te fijas en cada movimiento que hago, te devuelvo la toalla y tu la dejas en su sitio de nuevo. Intento coger las pesas, pero me detienes con tus manos y miro hacia el espejo y veo que tu dedo índice izquierdo se posa delicadamente sobre mis labios y sigue el contorno de ellos a la perfección.


Tu dedo siguió su paseo lentamente por mi cuello y escote e yo pensaba que baje más, que baje más…. Y tu dedo parecía que me leía mis pensamientos que dio varios círculos sobre la tela del top que cubría mis pezones, hasta que se endurecieron rápidamente. Después, se dirigió a mi ombligo que se estremecía al contacto de tu caricia.

Con mucho cuidado se metió debajo de mis mallas rumbo a mi clítoris, que empezaba a hincharse ligeramente, me susurraste algo al oído y yo me fijé en mi expresión de morbosa por lo que me estabas haciendo en el interior de las mallas. 

De pronto, sacaste el dedo y me lo ofreciste a mi boca, que lo empezó a chupar lentamente y me diste la vuelta, te agachaste, me besaste el ombligo mientras que me bajabas mis mallas e introducías tu hábil lengua en mi rajita. Yo me dejé hacer mientras, que recogías los fluidos que salían de mi interior con tu boca. 

Te incorporaste y acercaste un banco y me mandaste que me sentara en el con las piernas abiertas, tu te sentaste enfrente de mi y me metiste tu dedo en mi vagina totalmente lubricada y mojada. Tus movimientos cada vez eran más rápidos y de mis labios empezaban a escaparme gemidos sin poder evitarlo. Me diste de probar mis fluidos sobre tu dedo, que yo chupaba como si mamara por primera vez la leche materna de una madre. Tú estabas en silencio, disfrutando de mi propio placer que tu me infligías. Volviste a meter ese dedo que me hacía desear más placer, pero esta vez me lo metiste por mi culito, lo que no me disgusto. 

Cuando lo sentí dentro, experimenté muchas sensaciones a la vez, excitación, morbo y placer, mucho placer, tu mete saca era muy delicado pero dominante al mismo tiempo. Regresaste a mi boca con tu dedo y yo no dudé en succionarlo y pasarle lentamente mi lengua.

De reojo me miraba en el espejo, porque me excita ver como disfruto y ver como reacciona todo mi cuerpo a tanto placer recibido. Llevo mis manos a mis tetas y me empiezo a pellizcar los pezones, que rápidamente se ponen sensibles y duros. Y te pido que me hagas tuya y tú me besas apasionadamente y te vas de la habitación con una sonrisa pícara.

De repente, estoy en los vestuarios de mujeres, tumbada en un banco y para mi sorpresa descubro que todo era un excitante sueño, pero al final a cabo, un sueño. Cuando me incorporo noto que mis mallas están mojadísimas, supongo que sería daño colateral del magnifico y estimulante sueño que tuve.

 Salgo del vestuario, voy al banco de pesas, una chica me ayuda a escoger las pesas y cuando alzo la miradas me quedo boquiabierta y pensando ERES TÚ!!!                    

miércoles, 24 de septiembre de 2014

Un Buen Despertar


Me despierto poco a poco y tengo ganas y no se porque pero instintivamente me destapo y empiezo a tocarme por encima de las braguitas y meto poco a poco las yemas por el borde superior de ellas y sale una bocanada de vapor caliente producida por una mezcla de mi excitación y de condensación y me asustas y retiro las yemas.

Y decido calmarme y respiro lentamente. Como llevo un camisón de tirantes con un gran escote y llevo un dedo a un tirante y lo deslizo poco a poco por mi hombro hasta que queda medio descubierto uno de mis pezones y después repito la operación con el otro tirante del camisón.

A continuación, llevo un dedo a mi boca y lo humedezco y paso lentamente esa yema recién ensalivada por ese pezón que la está llamando a gritos, que lo manifiesta con una lenta y decidida erección y cada vez que paso la yema por el pezón, me gusta más y me dejo llevar.

Con la otra mano, me bajé las braguitas y rocé con lentitud mi clítoris en círculos, que dan sus frutos, porque ese clítoris lo voy notando más hinchado y sensible y de tus labios vaginales salen los primeros hilitos de flujo vaginal que empapan las yemas rápidamente y eso me da más ganas y aumento la velocidad de mis fricciones hasta que llego al mayor e increíble clímax de mi vida. MI cuerpo empieza a convulsionar y de tus labios se escapan gemidos de placer y deseo que no se acabe este orgasmo nunca y me quedas otra vez dormida y deseando que me hagas sentir deseada como ahora mismo.

domingo, 7 de septiembre de 2014

S.T.S (Sex Toy Story): Rafita


La encargada alzó la vista hacia la puerta, al sonar las  campanillas y vio a una mujer madura de unos 45 años,  rubia, ojos azules, cuerpo normal, nada de ella destacaba demasiado. Se acercó al mostrador y con algo de timidez dijo lo siguiente:

- Ho…la,  ¿Es…te lu...gar es un Sex-Shop? -

- Sí, lo es, señora – Le confirmó la encargada a aquella pobre mujer.

- ¿Qué desea? Le preguntó la encargada en un tono agradable y confiable.

- Pues, verá señorita, yo soy una autentica nova e inexperta en juguetería erótica ¿Y no se por cual empezar?- Le explicó la mujer a la encargada.

- Pues… para iniciarse en los juguetes sexuales, lo más sencillo es un consolador con su gel lubricante a juego, para que entre y salga sin dificultad. – Le explicó con suma delicadeza a la mujer.

- ¿De que tamaños los tienen? Yo no lo quiero muy grande. –Le preguntó y aclaró la mujer, que ya se sentía más cómoda con aquella situación y lugar.

-  De todos los tamaños. Mire este, no es muy grande y es de color rosa – Le explicó otra vez la encargada a la mujer.

- Si, parece perfecto para mí. Me lo llevó ¿Cuánto es? – Le dijo la mujer a la encargada.

- 10 € - Le respondió la encargada.


La mujer sacó de su bolso su cartera y la abrió y sacó un billete de 10 € y se lo entregó a la encargada.


La encargada metió el pack del consolador rosa + el gel lubricante a olor a fresas en una bolsa pequeña con el logo del Shex-Shop impreso en ella y se la entregó a la mujer.

- Gracias, hasta otro día, por cierto me llamo Ana. – Se despidió la mujer.

- Yo Belén, hasta otro día y que lo disfrutes – Le respondió la encargada.


Ana salió del sex-shop con una rara mezcla de emociones, por una parte aliviada por acabar con aquella comprometida situación y emocionada por llegar a casa para probar su recién adquirido juguete.

Ana condujo hasta su casa y se bajó del coche y entró en su casa. A continuación, subió las escaleras hasta entrar en su habitación y dejó aquella bolsita tan excitante encima de su cama, y pensó que para iniciarse con su primer amante de goma de 15 cms, había que prepararse antes.

No tardo mucho en desnudarse y se dirigió al baño, que estaba en frente de su cuarto y se sentó en la taza del váter y se abrió de piernas y bajó la cabeza y dijo:

- No queda más remedio le tengo que decir adiós a esta “selva” rubia – Dijo con casi una lágrima en los ojos.

En frente del váter había un mueble, donde guardaba la espuma depilatoria y la cogió y a continuación, agitó el bote y acto seguido, la fue echando por toda su vagina con cuidado y miró el tiempo de espera para aclararla y esperó los 8 minutos que ponía en el bote y después de eso, fue a la ducha y cogió la alcachofa y empezó a retirar poco a poco la espuma mezclada con su vello púbico, que fue cayendo en el suelo de la ducha.

A continuación, Ana salió de la ducha y cogió una pequeña toalla y se secó bien su zona íntima y regresó a su habitación y abrió un cajón de su mesita de noche y cogió un bote que era una crema con Aloe Vera, para evitar y calmar las irritaciones y un mini espejo. Se subió a la cama apartó momentáneamente la bolsa del Sex-Shop y se puso cómoda en el cabecero de la cama, abrió las piernas y puso  el mini espejo entre  los pies y abrió la tapa del bote y se untó un poco en dos dedos y se la extendió en movimientos circulares por toda su vagina.



Como llevaba algún tiempo sin tocarse en esa zona, porque su trabajo no le dejaba ni tiempo para ella misma, su piel reaccionó  como si fuese la primera caricia de esa zona de su vida. A Ana le recorrió una sensación electrizante, que la hizo gemir levemente instintivamente y cada vez que pasaba el dedo corazón izquierdo miraba la imagen que veía en el mini espejo, que la dejaba hipnotizada durante unos segundos.

Aquella imagen, era la de su anterior y adormecido clítoris, que normalmente era de un tamaño ínfimo, pero aquel simple y casual masaje había despertado y adquiriera un tamaño pletórico y nuevamente le infundiera vida otra vez, que no recordaba ya y Ana se reía como una niña de plena felicidad.

Unos minutos más tarde, guardó en su sitio el bote de la crema de Aloe Vera y se limpió las yemas de la mano izquierda con una toallita húmeda, que cogió del cajón de la mesita de noche.

Después, Ana dirigió su mirada hacia la bolsa, extendió una mano y la cogió, a continuación, la abrió y de su interior saco el pack del consolador y el gel lubricante. Lo abrió despacio y cayó un papel doblado encima del la colcha rosa de la cama de Ana, lo cogió lo abrió y leyó lo siguiente:


- - - Manual de Instrucciones - - -



Paso 1: Lubrique bien el consolador y su zona genital con el gel lubricante o saliva para facilitar que entre y salga sin molestias



Paso 2: Al principio de cada uso en el interior de su zona genital, mantenga un ritmo suave y cuando la lubricación natural sea notable puede aumentar gradualmente el ritmo de sus movimientos.



Paso 3: Después de cada uso lávelo para un uso saludable y no infeccioso.


Ana acabó de abrir con cuidado el pack, cogió el consolador y lo colocó de pie entre sus piernas y abrió despacio la tapa del gel lubricante y lo olió y ese olor a fresas, que la empezó a excitar, internamente su cerebro activó un recuerdo o quizá una fantasía, que nunca la llevó a cabo tal vez porque era una fantasía de una fan alocada. Desde que era adolescente le gustaba el cantante Raphael y como homenaje a esa fantasía al consolador lo bautizaría como “Rafita”.

Untó bien su vagina y después a Rafita. Acto seguido, Ana se recostó en su cama lo pasó despacio por sus pechos y se dedicó unos instantes a dar círculos lentos en sus pezones, que empezaban a ponerse erectos poco a poco. Después repitió la acción en su ombligo.

Ana quería vivir esta nueva experiencia con todo sus sentidos y cuerpo, despertando poco a poco su sensualidad, sexualidad y erotismo, que ella anhelaba desde hacia tiempo. Siguió su recorrido hasta su pubis,  rodeó los labios vaginales hasta llegar de nuevamente al pubis. Ese rodeo que hizo Ana a su pubis hizo que se empezara a humedecer progresivamente e hincharan  tanto los labios mayores y menores como el clítoris, que pedía más mimos de Rafita.    


Ana deslizó la punta cónica de Rafita sobre lo largo de la entrada de su vagina y su piel se erizó y Ana probó a meter esa puntita, que ansiaba su cueva y que se lo pedía el calor que le emergía desde sus entrañas. Al fin, cedió a su propio placer y se la fue metiendo poco a poco, para que su vagina se acostumbrara a ese nuevo juguete.

Cuando la punta estaba metida el interior del coño de Ana  envolvió instintivamente aquel trozo de plástico rosa  y Ana empezó dejarse llevar por el momento de pasión con ese amante sin vida que cada vez inconscientemente metía y sacaba más rápido de su vagina. Los gemidos de placer que emitía Ana resonaban por toda la casa de Ana y en cada salida de Rafita aullaba un Nooooo, que solo duraba el tiempo que una nueva embestida de Rafita la hacía decir Siiiii, Rafita, hazme más Aquarius.

Ana cambió de postura unos minutos después, colocando a Rafita de pie y ella lentamente lo engullía y se dejaba llevar por aquel desenfreno que casi tenía olvidado. En  cada bajada Ana se quedaba quieta unos instante para que su coño se acostumbrara a los 15 cms de Rafita y subía lentamente para ver la cantidad de flujos vaginales cubrían a Rafita y verlos resbalar hasta que gota a gota empapaban la colcha de su cama y repetía la maniobra de una nueva cabalgada pero un poco más rítmica. Pocos minutos después, el galope de Ana sobre Rafita obtuvo su recompensa un orgasmo brutal, que hizo que Ana convulsionara de placer como nunca lo experimentara antes e incluí con ningún hombre.
Cuando los efectos del intenso orgasmo se fueron, Ana quitó poco a poco a Rafia de su vagina y lo dirigió a su boca y los restos de sus fluidos mezclados con los del gel de fresas los lamió lentamente y pasó su lengua entre sus labios, después, como una señal de autosatisfacción final, que lleno el ambiente de un olor intenso a fresas y pasión, que hizo, que en la cara de Ana se dibujase una sonrisa pícara, como la que se le dibuja a un niño o niña después de hacer una travesura.

A continuación Ana lavó a Rafita con agua y lo secó muy bien y lo guardó en el cajón de su armario debajo de su lencería fina oculto de miradas furtivas, previamente besándolo en la punta y diciéndole Viva Raphael.

sábado, 19 de julio de 2014

Que me quiten lo Bailao


Erika, era una chica de de veintidós años, morena, media melena, por los hombros pero rizada, ojos color miel, de piel bronceada por el sol, labios carnosos, que a todas sus amistades les gustaría besar.

Erika era de cuerpo delgado, porque era muy deportista, hacía siempre su media hora o cuarenta y cinco de footing cada mañana antes de irse a la universidad. Erika no le gustaba nada su pecho, porque para ella era muy grande y le resultaba incómodo moverse, pero también agradecía las miradas de los chicos y algunas chicas cuando la veían pasar por la calle andando.

La parte de su cuerpo que más le gustaba a Erika era su culo, especialmente estaba muy orgullosa de él porque hacia muchos ejercicios para el culo en el gimnasio. Lo tenia respingón y duro, y además como le gustaba usar pantalones o minifaldas ajustadas lo exhibía aún más.

Erika tenía las piernas muy bien hechas y le gustaba lucirlas, sobre todo en verano poniéndose minifaldas demasiado cortas, pero a Erika le encantaba totalmente provocar a la gente.

Erika no tenía una pareja estable sino ella medio salía con un amigo pero no se le podría llamarse “novio”, era más un “follamigo”. El chico se llamaba Jesús, Él tenia veintiún años era moreno, pelo corto, ojos verdes, barba de tres días, labios finos y muy dulces al besar. Jesús tenía el cuerpo musculazo pero no demasiado. Jesús se cuidaba pero no demasiado, él decía que era cosa de genética y de algo del gimnasio.


Erika y él cuando salían de marcha siempre tenían mucha complicidad y esa complicidad los acaba en la cama de uno de los dos.

Una tarde de primavera, Erika llamó a Jesús para avisarle que iba a su casal, al rato, Erika estaba en casa de su amigo, pero como no le abría la puerta cogió la copia de la llave que estaba debajo de una roca y entró en casa de Jesús y entró en su habitación y vio que se quedará dormido en encima de su cama.

Jesús estaba boca arriba con unos boxers blancos y durmiendo acompasadamente y Erika se tumbó a su lado y por unos segundo lo vio dormir. Unos minutos más tarde, como Erika le gustaba provocar y más a Jesús, poco a poco fue deslizando una de sus manos hasta los boxers de Jesús y fue acariciando lentamente el contorno de la polla de Jesús, que aún estaba en estado de relajación.

La polla de Jesús no era muy gruesa ni tampoco era muy larga pero cuando estaba dentro del coño de Erika la sabia manejar muy bien.

Erika iba lenta pero constante y le fue bajando los boxers a Jesús poco a poco y dejó la polla de Jesús con una más que admirable erección. Erika fue lamiendo los laterales lentamente y deleitándose en cada centímetro con la punta de su lengua de la polla de Jesús hasta llegar al glande que la empezaba a lubricarse tímidamente, que Erika chupaba muy rítmicamente hasta su garganta. De vez en cuando miraba hacía la cara de Jesús para comprobar si se movía.

Unos minutos más tarde, Erika se puso encima del cuerpo de Jesús, pero invertida, se subió su mini vaquera y le hundió su entrepierna en la boca de Jesús aún dormido. Instintivamente Jesús sacó un poco su lengua y la movía lentamente sobre el coño depilado de Erika, que se balanceaba muy rítmicamente al contacto de la lengua de Jesús con su coño mojado.

La cabeza de Erika, bajó hasta la entrepierna de Jesús y después abrió al máximo y se la metió en su boca sin dudarlo ni un instante, sus chupadas ya no era lenta sino rápidas y violentas que a ratos le producían arcadas, pero de placer y de gusto. En una de chupadas fuertes, Jesús despertó y aumentó el ritmo de sus propias lamidas en el coño empapado de Erika.

Estuvieron en esa posición durante varios minutos hasta que Erika bajo del cuerpo de Jesús y dejó caer por sus largas piernas su escasa mini al suelo de la habitación de Jesús y este hizo lo mismo con los boxers y los lanzó a los píes de la cama. Erika se colocó encima de la pelvis de Jesús pero mirando hacia la ventana de la habitación de Jesús y fue bajando poco a poco hacia la polla  ensalivada de Jesús y a continuación tanto  el culo de Erika como las caderas de Jesús se movían al unísono.  

Erika dominaba tanto el placer dado como el recibido por Jesús en cada embestida proporcionada por su polla, Cuando Erika bajaba, la polla de Jesús era engullida por completo por el ano de Erika, y cuando Erika subía la polla de Jesús aparecía con una buena capa de los jugos de excitación que le producía tanto roce placentero dentro del culo de Erika.

Jesús le tocaba Erika con algo de brusquedad sus tetas por encima de la camiseta roja, que con sus dedos le rozaba con suavidad sus pezones que rápidamente se pusieron duros y extremadamente sensibles y Erika ya no quería callar más a sus gemidos, y dio rienda suelta a sus expresiones más soeces y obscenas que sabia mientras seguía el sube-baja del  culo con la polla de Jesús dentro de él.

Cuando llevaban un rato así, Erika cambió de posición y se colocó mirando hacia la cara de Jesús y éste le metió con asombrosa facilidad su polla totalmente lubricada dentro de su coño y empezó otra vez con el sube-baja con sus brazos rodeando el cuello de Jesús. Jesús con cada bajada del cuerpo de Erika, aprovechaba para estimular con su lengua los senos de Erika, a veces le hacía lengüetazas de arriba hacia abajo y en otras en círculos por toda la aureola y chupando muy suavemente los pezones.

Pasaron algunos minutos más así y Erika volvió a cambiar de posición, en esta ocasión, se deslizó hacia la parte inferior de la cama y rodeó la polla totalmente al límite de Jesús y empezó a frotarla despacio de arriba abajo mientras que se la chupaba al mismo tiempo. Jesús no aguanto mucho así y empezó a soltar chorros de semen entre el pecho y la cara de Erika. Acto seguido, Erika, bajó de la cama se fue al lavabo que había al lado del cuarto de Jesús para lavarse todo el semen de la cara y el pecho. Después volvió para vestirse y lo hizo lentamente para el deleite de Jesús y ella cuando acabo de arreglarse se acerco a Jesús y le dio un beso y le dijo que esa noche le apetecía bailar reggaeton y que abrían una nueva discoteca latina que se llamaba “Fuego Tropical” y que quería ir. Jesús aceptó y vio como Erika salía de su casa moviendo sus caderas muy provocativamente.                

Erika fue a su casa para darse un relajante baño con agua templada y sales aromáticas y a ponerse super sexy para Jesús y a quien la mirase. Cuando cruzó la puerta principal de su cuarto se empezó a desnudar tirando a su camino la camiseta y la minifalda, que cuando se diera aquel baño la metería en la lavadora. A continuación se dirigió al cuarto de baño para llenar la gran bañera que tenia de agua templada y echar las sales aromáticas.

Salió un momento del cuarto de baño y se fue a su habitación para buscar el botecito de sales aromáticas y cogió un botecito violeta que ponía Lavanda y regresó al baño cerró el grifo y destapó el bote y echó un poco de su contenido delicadamente en el agua templada, que rápidamente se diluyó, que empezaba a dejar su dulce y agradable aroma a lavanda.

Erika se metió poco a poco en la bañera. La temperatura del agua era la perfecta, se cubrió todo el cuerpo, menos la cabeza con la espuma que hacia el agua, como aún tenia sus pezones algo sensibles, el contacto con el agua templada hizo que estos se volvieran a endurecerse rápidamente.

Erika se echó para atrás lo más que pudo para relajarse y respiró hondo para concentrarse en el casi soñoliento aroma de lavanda que ondulaba por el aire. El agua templada la relajaba aún más y se dio un lento masaje con la esponja por sus piernas, que las liberó de esa tensión acumulada en ellas. Después prosiguió dándose varios círculos rápidos en su abdomen, que dejaban en su mojada piel un rastro blanco de espuma muy sexy.

A continuación siguió dándose círculos lentos por sus senos y el cuello, acto seguido, dejó caer la esponja en el agua y Erika se fue resbalando poco a poco para sumergirse  completamente para aclararse la espuma y el jabón de su escultural cuerpo.

Erika se incorporó después de unos segundos debajo del agua y salió de la bañera se envolvió en una toalla y retiró el tapón para vaciar la bañera y se fue a su cuarto para vestirse.

Entró en su cuarto, abrió el armario y sacó un mini top blanco con tirantes y dejó caer la toalla al suelo y se lo puso lentamente. A continuación se fijó en unos leggings rojos ajustados y se los puso despacio como si estuviese bailando muy sensual. Erika se dirigió a su cama y se agachó para buscar unas deportivas blancas con los cordones morados y se las puso sentándose previamente en la cama.

Erika miró hacia la esquina derecha de la cabecera de su cama y vio una mini chaqueta vaquera y se la puso y salió de la habitación y cerró la puerta principal. Erika solo tuvo que esperar unos cinco minutos antes de divisar el coche de Jesús bajando la cuesta de su calle. Jesús salió de su coche y se acercó a la puerta del pasajero para abrirla para que entrase Erika y ella se sentó en el asiento y a continuación Jesús cerró la puerta y volvió al interior del vehiculo.

Jesús fue conduciendo hasta el parking de la discoteca “Fuego Tropical” y ayudó a salir a Erika y ella le sonrió pícaramente y entraron juntos al interior de la disco.

El interior de Fuego Tropical estaba decorado con colores vivos y tenia una gran pista de baile, a la que rodeaba una barra de bar, partida en dos mitades, en una la atendía un camero semidesnudo, porque dentro hacia mucha calor, de origen caribeño y en la otra mitad de la barra la atendía una camarera con un top blanco, sin suje, y una mini, de los colores de la bandera de Brasil, que insinuaba más que mostraba.

A esas horas aún no había mucha gente, solo unas cuantas parejas, que estaban bien separadas entre si en la pista de baile. Erika se propuso animar el ambiente, se fue sin vergüenza, a pedirle una música caribeña al DJ, y se puso a mover sus caderas en el medio de la pista mientras Jesús pedía unos cócteles sin alcohol a la camarera y miraba el baile de Erika con curiosidad desde la barra.

Erika se quitó la mini chaqueta y la dejó a un lado de la pista para estar más cómoda bailando. Se acercó a una pareja, que estaba bailando muy acaramelada, primero bailó muy sexy con el chico, él intentaba poner sus manos en las caderas de Erika, pero ella ponía sus manos sobre las suyas y con un movimiento de vaivén de sus caderas alejaba el cuerpo del chico hasta que lo volvía a intentarlo.

Pocos minutos después, bailó con la chica,  pero esta vez los movimientos de la chica eran más suaves y delicados que los del chico y también más erótizantes para la propia Erika que estaba perpleja ante lo que le hacia sentir esa chica con tan solo contonear sus curvas tan cerca de su cuerpo.

Erika por primera vez en su vida ya no era la experta cazadora sino la indefensa presa pero no le importaba asumir  ese rol en esta ocasión, al contrario, era lo que buscaba Erika y se dejaba llevar por lo que sentía y le hacia sentir esa chica aún misteriosa. Desde la pista miraba a Jesús hablando con la camarera y ella no sentía celos por aquello, ella seguía a lo suyo, la otra chica empezó acariciarle el pelo, le daba pequeños besos en el cuello, pegaba su pelvis al culo de Erika y hacían lentos círculos con ellas y eso empezó erotizar tanto a la chica como a Erika.

Unos segundos más tarde, Erika vio como Jesús iba al baño y dejó las llaves del coche encima de la barra y cogió de la mano a la chica y se fueron directas a la barra, Erika cogió las llaves con disimulo y se fueron las dos a la entrada de la disco, Erika le dio al mando del coche de Jesús para desbloquear las puerta y las dos chicas entraron en el interior del coche y a continuación, Erika lo encendió y se dirigió a su casa.

Erika abrió la puerta de su casa mientras era besada suavemente en el cuello por la chica, Erika consiguió entrar dentro de su casa y cerró como pudo la puerta y le preguntó a la chica si quería algo para beber y la chica dijo que agua si podía ser, a lo que Erika contestó que claro y le dijo que la esperase en la sala de estar, que ahora volvía.

Erika fue para la cocina, abrió una puerta de una lacena y cogió un bol y un vaso y volvió a cerrar la puerta A continuación, Erika abrió su nevera, de ella sacó una botella de agua y llenó el vaso y volvió a meter la botella y abrió el hielero y volcó unos cubitos de hielo en el bol y cerró la nevera cogió los dos recipientes y regresó a la sala de estar.

La chica estaba sentada en el sofá de cuero azulón, que tenía Erika, apoyado en una pared de la estancia. Erika dejó el bol con los cubitos de hielo en una pequeña mesa de cristal que había al lado del sofá y a continuación le dio el vaso de agua a la chica, que la la chica le agradeció con una sonrisa.

Erika le preguntó a la chica como se llamaba y la chica le contestó que Gina. Gina era rubia de pelo corto, con los ojos verdes, labios finos, que cualquiera quería besar. Gina tenía un cuerpo muy bien proporcionado, como no era demasiada alta su pecho y su culo no eran muy exagerados, y eso le atraía mucho a Erika. Gina vestía una camiseta negra de manga corta, una minifalda de cuadros escoceses, del estilo que usan las colegialas, en sus uniformes y unas deportivas rojas y blancas.

Erika cogió un cubito de hielo del bol y se sentó al lado de Gina, en el sofá y le pasó lentamente el cubito de hielo por los labios de Gina, que dejó escapar un pequeño gemido de alivio, a continuación, Gina cogió el cubito de hielo de la mano de Erika, se lo sujetó suavemente con sus labios y ambas se besaron apasionadamente.


Gina se dejó caer en el sofá, mientras que Erika jugaba con el hielo por el cuello de Gina. A continuación, Gina se fue desnudando poco a poco mientras las gotas heladas recorrían su abdomen y se acumulaba como en un pozo en su sexy ombligo decorado por un piercing en forma de corazón.

El cubito se había derretido muy rápido, según la opinión de Erika, que estaba realmente disfrutando de aquella situación de dominio sobre esa desconocida y repitió la acción pero con la parte inferior del cuerpo caliente de Gina. Mientras Erika escogía otro hielo, Gina se fue desabrochando la mini por el lateral, que cayó suavemente al suelo del salón de Erika.

El pubis de Gina esta depilado del todo y al contacto del hielo, la piel de esa zona se achinaba y hacia que Gina gimiera como una auténtica viciosa y le pedía a Erika más intensidad, y Erika obedecía encantada. Erika con el fagor de la batalla se fue desnudando con la ayuda de Gina y cuando se derritió ese hielo se subió al cuerpo de Gina y puso su pelvis a la altura de la sensual boca de Gina y su cabeza la acomodó en la pelvis empapada de Gina.

Al unísono, las dos lenguas de aquellas dos mujeres se acompasaron una con la otra y aquella pequeña habitación se llenó de gemidos, que dejaron paso a un clímax doble, que dejaron como prueba física final dos cuerpos femeninos desnudos abrazados tendidos en el suelo, pero realmente felices.