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viernes, 14 de noviembre de 2014

Una Lectura Placentera en el Metro



Una amiga de Silvia le habló de un blog de relatos eróticos, que ella era visitante y lectora asídua y a Silvia le picó la curiosidad y un día mientras iba a un sitio en el metro, aprovechó para leer ese blog desde su tablet. 

Cómo no quedaban asientos libres tuvo que hacer el trayecto de píe, y escribió la dirección del blog y entró en el y le dio a un relato cualquiera y desde el primer momento se astrajo de todo lo que ocurría a su alrededor y se centró en la lectura del relato.

Desde la primera linea, Silvia se dio cuenta de que el autor sabía erotizar a cualquiera que lo leyera. Silvia ya estaba tan metida en la vivencia del relato, que su cuerpo ya empezaba a reaccionar al estimulo del relato. Debajo de su ropa, le empezaban a endurecerse sus pezones rosados y debajo de los leggins que llevaba, ya le empezaba a humedecer su sexo.

A mitad del relato notó una mano dentro de sus leggins, era la manno de un chico que estaba detrás suyo, pero a Silvia no le importaba el gesto descarado porque la lectura del relato era tan envolvente que si no fuera por la mano del chico, Silvia se volvería loca del placer sin poder aplacarlo.

El chico sabía donde tocar y a que velocidad mientras que Silvia solo era capaz de sobarse las tetas por encima de la camiseta ajustada que ella llevaba.

Cuando Silvia acabó la lectura del relato, la mano del chico ya no estaba y  el chico tampoco. Silvia vio su parada recogió su tablet y se bajó del metro, cuando volvió a la realidad se dio cuenta, que en el medio de sus leggins había una gran mancha de sus fluidos vaginales, y en sus labios una sonrisa de satisfacción.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

El Castigo de la Diablesa: Doble Infierno


Abrahel pensó que ya era hora de dar la segunda lección de dominación al joven y para eso lo llamó por teléfono y le dijo que fuera a su casa porque tenía que enseñarle una cosa.

El joven se duchó y se vistió y se dirigió a la casa de Abrahel  y cuando llegó a su puerta estaba media abierta y oía voces y una de ellas le dijo que estaba en el césped  tomando el sol y el joven bajó una escalera de caracol hasta un pequeño césped , donde había una tumbona negra, donde estaba la diablesa, con un escueto bikini negro y al lado estaba situada una joven rubia, ojos azules, buen cuerpo. Vestía un bikini blanco. Abrahel se levantó de la tumbona y le dijo algo al oído a la joven y se tumbó boca abajo en la tumbona y se acercó al joven y le dijo que a la joven la tenía que erotizar, pero sin copular con ella y el joven aceptó el reto impuesto por Abrahel.   

El joven se acercó a la tumbona y vio, que al lado de ella había un bote de crema solar y lo cogió y abrió e hizo una cruz en la espalda de la joven sorteando perfectamente el bikini blanco.

A continuación, empezó a extendérsela por la espalda lentamente con la yema del dedo índice izquierdo, haciéndole círculos lentos por toda su columna vertebral, que hacía gemir levemente a la joven.

En un momento dado, la joven desató el nudo de su bikini, para que el joven pudiese masajear libremente su cuerpo. El joven siguió masajeando ese cuerpo, hasta que la joven le comunico que podía seguir por abajo, El joven repitió la operación de la crema solar y empezó a masajear las piernas ahora ya con las dos manos de arriba abajo, que la joven agradecía con leves gemidos.

Por la mente de Abrahel, pasaba que lo que estaba viendo y sobre todo oyendo no era lo que estaba sucediendo de verdad. Había infravalorado las habilidades de ese joven para erotizar a esa joven o a cualquiera mujer con tan solo rozarla con sus dedos, y por primera vez, ella era la que había caído en su propio juego y sentía celos y envida por no ser la que no recibiese ese trato del joven ni ser la que gemía. Solo era una mera espectadora de esa situación provocada por ella y solo estaba empezando.

Las manos de la joven se dirigieron  al tanga de su bikini para que le masajeara el culo y su sexo y acto seguido, lo deslizó hacia abajo hasta que cayó frente a la tumbona. Poco después el joven masajeó el culo despacio y con delicadeza. El sexo de la joven estaba totalmente depilado y era suave al tacto y se erizaba al pasar de los dedos del joven, que en un momento dado, dejó de masajear a la joven y se colocó enfrente de la tumbona y la joven separó instintivamente sus piernas y el joven se agachó y lamió el ano de la joven con su lengua haciendo con ella círculos lentos durante unos minutos y cuando acabo con su trabajo bucal recogió el tanga y se lo volvió a poner para seguir con el masaje.

Mientras que recibía el masaje bucal en su ano, la joven se estimulaba su sexo con la única ayuda del roce de la tumbona. Poco después, el joven le digo a a la joven que se pusiera boca arriba y la ella obedeció. El joven le pidió a Abrahel un pañuelo negro y un guante suave y en unos pocos minutos se los al joven. Primero vendó los ojos a la joven y a continuación, él se puso el guante.

Empezó por masajear los labios, siguiendo su contorno perfectamente, después escote, y senos, ahí con una yema rozó los pezones de la joven, que enseguida se endurecieron como fresones a punto de caer, siguió dando un rodeo por su ombligo, hasta llegar al sexo de la joven,  que ya lo esperaba con ansía. 

El joven, localizó el incipiente e hinchado clítoris, y lo masajeó lentamente por encima del tanga, que empezaba mojarse por la reacción al excitante trabajo dactilar del joven. Poco después, el joven decidió quitar el tanga a la joven y trabajar así sin obstáculos. 

Abrahel ya estaba al borde de la desesperación porque veía que la joven estaba recibiendo un placer que ella, lo deseaba solo para ella y solo podía autosatisfacerse para calmar la excitación inducida por la visión del joven aplicándole toda esa sabiduría y habilidad erótica a la joven, que ella no supo manipular para su propio placer.

El joven metió un dedo en el sexo de la joven y empezó con un  frenético mete-saca, que hizo que la joven tuviera un apoteósico y merecido orgasmo, que le hacía lanzar chorros de flujo vaginal  de su coño al césped. 

Cuando el geiser femenino hubo lanzado la última gota del último chorro, el joven se colocó de nuevamente enfrente de la tumbona se agachó y le hizo un cunnilingus, mientras, que Abrahel subía por la escalera de caracol diciendo Lección enseñada y aprendida, el Alumno se convirtió en el Maestro.