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lunes, 13 de octubre de 2014
El Castigo de la Diablesa: Primera Lección: Ver sin Tocar
Dice una leyenda, que una noche de verano, que había la luna llena más mágica en siglos, estaba caminando un joven, como un zombie, acompañado por una joven muy guapa, con el pelo de fuego y la piel blanca, que le susurraba cosas al oído.
La joven era Abrahel, una demonio sexual, y el joven era su nueva adquisición. Lo cautivó en un sueño húmedo del joven, que Abrahel se lo indujo porque el joven decía, que un demonio así no lo iba a dominar.
Después de esas palabras, Abrahel, decidió dar una lección a ese joven, esa misma noche lo visitó, y le incitó oníricamente. Se presentó frente a él con un vestido largo blanco muy escotado, que le dejaban sus senos casi totalmente al aire. En un lateral del vestido había una gran abertura desde la cadera que le llegaba hasta el tobillo e iba descalza.
El escenario del sueño era un amanecer en una orilla de una playa desierta. El joven estaba desmayado en la orilla colocado boca arriba parecía que estaba soñando con un antiguo naufragio, que tuviera meses atrás. Abrahel se acercó y le dio suaves palmadas en la cara para que reaccionará y éste lo hizo pero estaba desorientado y cuando vio los ojos azules de Abrahel, se notó más relajado y ella le ayudó a sentarse en la arena, y el joven le dio las gracias y empezó a bersarla en el cuello y Abrahel le sonreía.
Cada vez que batían las olas, tanto la melena de fuego como el vestido blanco se empapaban con el agua salada del mar. Entonces, Abrahel volvió tumbar al joven en la mojada arena y ella se colocó encima mientras el joven la besaba por el cuello y ella se iba desnudando poco a poco.
Cuando el joven vio sus pezones eran como dos pequeños rubíes que se movían al compás del viento y que al mirarlos eran tan bellos como dos gotas de sangre, que todo vampiro querían beber.
Al del joven había un gran tablón de madera en buen estado y unas cuerdas. Abrahel cogió el tablón y se inclinó sobre la cara del joven y con una de sus manos le levantó la cabeza y fue deslizando el tablón detrás de la cabeza mientras el aprovechó para chupar e lamer los pezones rojizos de Abrahel hasta ponérselos erectos. A continuación cogió las cuerdas y le ató las manos por las muñecas al tablón y le dijo lo siguiente:
- Primera Lección: Ver sin Tocar - Le dijo Abrahel al joven con una sonrisa entre pícara y malvada.
El joven quería hablar pero no podía, Abrahel le quitara su voz con un gesto de sus dedos. Abrahel rozaba poco a poco el torso del joven lentamente con las yemas de sus dedos. Primero los pezones haciendo círculos lentos, que hacían que el joven lanzara gemidos y jadeos sordos, que después se transformaron en más profundos cuando Abrahel acercó su lengua infernal a ellos lamiéndoselos poco a poco.
Abrahel siguió lamiéndole alrededor del ombligo del joven, siguió bajando hasta los harapientos restos de sus pantalones, de vez en cuan miraba de reojo la cara del joven para ver como era poseído por la lujuria y la dominación por una mujer tan exuberante como era Abrahel.
Abrahel le arrancó los restos de ropa que cubrían al joven y descubrió un pene largo pero delgado y al verlo le dijo al joven que eso lo había que arreglar.
Abrahel se situó encima de la boca del joven y se incorporó y el joven empezó a lamer lentamente el sexo de Abrahel, que se movía al compás de las lamidas del joven, mientras oía los gemidos infernales de Abrahel.
Cuando el joven llevaba un buen rato deleitándose con el coño depilado de Abrahel, ésta se levantó y se colocó frente al joven y le dijo que ahora le gustaba más y le dio un beso en el glande ya en erección completa del joven y Abrahel desapareció.
Acto seguido, el joven despertó y estaba a salvó en su cama, se destapo y miró con sorpresa que tenía una gran erección, mientras resonaba una gran carcajada maléfica y femenina en su habitación.
jueves, 2 de octubre de 2014
Poniéndome en forma
Cuando entro por la puerta del gym, me siento observada por ti. Tus ojos se clavan en mi escotazo y en mi culo, cuando paso delante tuya. Entro en el vestuario y me cambio de ropa para empezar a sudar de lo lindo. En esta ocasión elegí un mini top blanco y unas mallas ajustadas negras, eso sí sin ropa interior, que me da alergia y es más cómodo para mí el no llevarla casi nunca.
Salgo del vestuario, con una coleta para que no me estorbe a hacer los ejercicios. Voy directa a las pesas de mano y cojo unas de 2kg cada una en cada mano y me pongo frente a un espejo y empiezo mi serie, tu me miras como subo y bajo las pesas rítmicamente. Ves como las primeras gotas de sudor caen por mi frente caen al escote del top y se pierden bajo de él.
Acabo mi serie, tu te acercas me ofreces una toalla limpia y me la pasó por mi escote, te fijas en cada movimiento que hago, te devuelvo la toalla y tu la dejas en su sitio de nuevo. Intento coger las pesas, pero me detienes con tus manos y miro hacia el espejo y veo que tu dedo índice izquierdo se posa delicadamente sobre mis labios y sigue el contorno de ellos a la perfección.
Tu dedo siguió su paseo lentamente por mi cuello y escote e yo pensaba que baje más, que baje más…. Y tu dedo parecía que me leía mis pensamientos que dio varios círculos sobre la tela del top que cubría mis pezones, hasta que se endurecieron rápidamente. Después, se dirigió a mi ombligo que se estremecía al contacto de tu caricia.
Con mucho cuidado se metió debajo de mis mallas rumbo a mi clítoris, que empezaba a hincharse ligeramente, me susurraste algo al oído y yo me fijé en mi expresión de morbosa por lo que me estabas haciendo en el interior de las mallas.
De pronto, sacaste el dedo y me lo ofreciste a mi boca, que lo empezó a chupar lentamente y me diste la vuelta, te agachaste, me besaste el ombligo mientras que me bajabas mis mallas e introducías tu hábil lengua en mi rajita. Yo me dejé hacer mientras, que recogías los fluidos que salían de mi interior con tu boca.
Te incorporaste y acercaste un banco y me mandaste que me sentara en el con las piernas abiertas, tu te sentaste enfrente de mi y me metiste tu dedo en mi vagina totalmente lubricada y mojada. Tus movimientos cada vez eran más rápidos y de mis labios empezaban a escaparme gemidos sin poder evitarlo. Me diste de probar mis fluidos sobre tu dedo, que yo chupaba como si mamara por primera vez la leche materna de una madre. Tú estabas en silencio, disfrutando de mi propio placer que tu me infligías. Volviste a meter ese dedo que me hacía desear más placer, pero esta vez me lo metiste por mi culito, lo que no me disgusto.
Cuando lo sentí dentro, experimenté muchas sensaciones a la vez, excitación, morbo y placer, mucho placer, tu mete saca era muy delicado pero dominante al mismo tiempo. Regresaste a mi boca con tu dedo y yo no dudé en succionarlo y pasarle lentamente mi lengua.
De reojo me miraba en el espejo, porque me excita ver como disfruto y ver como reacciona todo mi cuerpo a tanto placer recibido. Llevo mis manos a mis tetas y me empiezo a pellizcar los pezones, que rápidamente se ponen sensibles y duros. Y te pido que me hagas tuya y tú me besas apasionadamente y te vas de la habitación con una sonrisa pícara.
De repente, estoy en los vestuarios de mujeres, tumbada en un banco y para mi sorpresa descubro que todo era un excitante sueño, pero al final a cabo, un sueño. Cuando me incorporo noto que mis mallas están mojadísimas, supongo que sería daño colateral del magnifico y estimulante sueño que tuve.
Salgo del vestuario, voy al banco de pesas, una chica me ayuda a escoger las pesas y cuando alzo la miradas me quedo boquiabierta y pensando ERES TÚ!!!
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