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domingo, 12 de junio de 2016
El Convento del Placer Eterno - La Llamada del Señor
Sofia había decidido hacerse monja de un convento cercano su pueblo. Una mañana cogió su coche y se dirigió al convento para hablar con la Madre Superiora de su ingreso. Cuando Sofía bajó de su coche, estaba nerviosa se encaminó hacia la puerta de entrada al convento y llamó al timbre y una voz femenina le dijo:
- Hola, hija, ¿Qué deseas de este santo refugio? -
- Ser Novicia de este convento -
- Pasa, hija, hablemos -
Acto seguido la puerta se abrio y una monja con un hábito blanco y rojo la llevo al despacho de la Madre Superiora y hablaron durante una hora. En esee tiempo, Sofía no le quitaba ojo al extraño habito de esa monja, porque era demasiado corto y ajustado que los habituales, y era ESCOTADO en V.
A continuación, la Madre Superiora, le enseñó las habitaciones de las novicias. La habitación era pequeña con una cama con una silla de madera y una mesita de noche un pequeño armario para poner el hábito y nada más. La Madre Superiora la dejó sola y ella se desnudó y se puso el hábito, que el de las novicias era de color violeta, pero tenía dos agujeros para los senos y una gran raja para el coño.
A las 18:00 tocaron las campanas para ir a la misa, pero no era una misa clásica sino más bien una ceremonia de iniciación al noviciado. Todas las monjas estaban con sus senos y coños a la vista y alguna que otra se ensalivaba los dedos y se rozaban los pezones y sexos sin vacilación mientras rezaban un cantico osceno.
Al principio, Sofía estaba desconcertada, pero poco a poco se fue intengrando ante la visión de monjas masturbándose sin pudor ninguno. A su lado estaba sentada una novicia, que se llamaba Silvia, que era pelirroja con unas tetas naturales enormes con unos pezones en punta y Sofía no le quitaba ojo a su depilado sexo y se empezó a excitar.
Silvia se acerco a ella y le lamió uno de sus pezones y Sofía no puedo evitar que se le escapase un profundo gemido de sus labios. Un poco después fue la propia Sofía la que le estaba comiendo el coño a Silvia mientras oían de fondo los gémidos de las otras monjas.
Poco después vio como dos monjas le estaban chupando la polla al parroco del convento, la engullian por turnos y a veces le daban lametones al unisono, mientras el parroco lanzaba chorros y más chorros de semen sobre sus caras de viciosas.
A las 20:30 volvieron a replicar las campanas, para cenar. Todas las monjas se vestieron con sus hábitos. Algunos de ellos tenían manchas de semin y de fluidos vaginales. Entraron al comedor y cenaron tranquila mente, salvo que cuando terminaron y se dirigian hacia sus habiaciones le daban un pico a la monja y le hacían la señal de la cruz sobre sus senos y sexo. También lo hizo Sofía y mientras lo hizo sonreía.
Cuando llegó a su habitación le estaba esperando desnudo el cura y una novicia llamada Klaudia, que era alemana y le estaba pajeando al parroco, y Sofia se puso de rodillas y la novicia le cogió el pelo y le indicó el ritmo de la mamada. La polla del parroco era bastante gruesa y venosa y el glande era extremadamente sensible al trabajo de la lengua de Sofía que le costaba metersela toda dentro de su orificio bucal, pero con la ayuda de Klaudia fue capaz de comersela sin problema. Un poco después, el cura se la metió por el coño, mientras, que Klaudia le lamía elculo y abrió el cajón de la mesita y de su interior sacó un vibrador celeste y se lo fue metiendo a Sofía poco a poco hasta que el culo de esta estaba totalmente abierto.
Finalmente, el cura y Klaudia la llevaron al extasis y el cura se corrió muy abundantemente en la cara de Sofía hacíendole una cruz de leche en su frente. Mientras se quedaba adormecida y exhausta en su cama y con el vibrador engullido ahora por su coño dijo con su voz entrecortada Yo, te recibo dentro de mi, Señor... ! ! !
viernes, 10 de junio de 2016
Deseo Solar
Yo me dirigía a mi jardín, para sofocar el calor que hacía esa tarde en mi ciudad. Por el camino fui dejando toda mi ropa, que después ya la recogería y me coloqué en uno de los huevos de mimbre que tengo el jardín.
El contacto del mimbre frío con el el de mi acalorada piel me excitaba progresivamente, la evidencia de esa exitación fue que mis pezones empezaban a endurecerse y ponerse erectos. Me puse leche solar por toda la parte delantera de mi cuerpo y me olvide de aquella excitación momentaneamente y me relajé tomando aquel sol tan intenso.
Durante 20 minutos tome el sol por delante y me coloqué en el césped para tomar el sol por detrás y en ese momento me entró sed y fui a la cocina, abrí la nevera y coloqué en un vaso 3 hielos y agua y melo llevé para el jardín y bebí un sorbo y descubrí al jardinero de mi urbanización y dos vecinos de la misma espíandome con disimulo.
Me volví a colocar en el huevo de mimbre, y saqué un hielo del vaso y me lo pasé poco a poco por mi cuerpo. Primero por mi pecho, de arriba hacía abajo por el canalillo, después en círculos lentos sobre los rojizos pezones, que ese roze helado sobre ellos me hizo recordar la excitación del inicio y esta vez no la quise olvidar por nada del mundo.
A continuación me lo pasé por alrededor de mi ombligo. Alguna gota fría que otra se acumulaba en su interior o bajaba lentamente hacia mi sexo y eso me hacia estremecerme de placer en el huevo.
Acto seguido, les indico a mis tres vouyers con un dedo que entren en el jardín y entraron y los dos me hicieron un buen cunnilingus a dos lenguas, que me llevaron al climax con cierto compás de orgasmos clitorianos y vaginales que les dejaron sus caras empapadas de mis fluidos vaginales, mientras que al tercero le hice una buena mamada con un hielo que me metió sin compasión en el interior de mi boca.
Después los tres se turnaron en una sesion de sexo vaginal, anal y buenas mamadas con cubanas y así pasé una morbosa tarde en el jardín para aliviar mi cuerpo del calor de ese día.
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