Abrí la puerta de mi nueva habitación y me fui desnundando poco a poco y puse el vestido encima de la cama, me envolví con una toalla rosa y me dirijí a la ducha, pero me di cuenta de que no sabía dónde se encontraba y fui a la habitación de Cristián y llamé con los nudillos a la puerta y me contestó con un sí, con su voz grave y le pregunte que dónde estaba la ducha, Cristián al verme con sólo mi escasa toalla, que casi no me tapaba nada, quedó varios segundos quiero y mirándome de arriba a abajo y cuando reaccionó dijo que estaba al final del pasillo girando a la derecha. Le di las gracias y me fui de su habitación, no se lo que me pasaba que cada vez que Cristián hablaba yo me ponía algo excitada y cachonda.
Entré en el baño, me quité la toalla y me metí en la ducha, abrí la llave del agua fría y cogí la alcachofa y la dirigí directamente a mis duros y excitados pezones para calmar un poco mi calentura, los amasaba, pellizcaba y fingía que cada gota de agua fría era una caricia de la lengua de Cristián sobre ellos. Después de eso, me "limpie" bien mi coñito y disfruté de varios orgasmos en la ducha y me volví a intentar acubrir mi voluptuoso cuerpo con la toalla y me puse rumbo a mi cuarto pero me detuve al oír gemidos provenientes del cuarto de Cristián y entreabrí la puerta y ví como Cristián se empezaba a masturbarse con una mano que con la otra retiraba para atrás la ropa de cama.
Como el calzoncillo tenía una abertura central con un único botón, pues se quitaba fácilmente con una mano. Ya la tenía algo morcillona y se masturbaba lentamente, tomándose todo el tiempo del mundo en cada pasada de su mano para recorrer esos 15 cms de polla y ese glande grueso que empezaba estar muy bien lubricado por las prieras gotas de liquido preseminal. Yo me quedé viendo como Cristián se daba placer y repetía mi nombre entre gemidos, eso me chocó un poco porque nos acababamos de conocer y ahora se estaba pajeando diciendo mi nombre, pero a la vez me gustaba que lo hiciese, porque me daba morbo que alguien como él me tuviese en cuenta en sus fantasias eróticas y en sus "manualidades".
De pronto y sin hacer el mínimo ruido, abrí la puerta y dejé caer la toalla al suelo, Cristián me me miró, y paró su mano y me acerqué y me incliné mi cara hicia su glande lubricado y pasé mi dedo índice izquierdo por su glande y recogí una gota de líquido preseminal y me lo metí en mi boca, saboreándolo bien y despué le di un beso en el glande y le dije que era mejor que guardara esa leche caliente para el desayuno que me sabría mucho mejor.
Cristían me pidió que le quitara el calzoncillo porque tenía mucho calor y se lo quité y lo volvi a tapar y recogí la toalla y me fui a mi cuarto, me puse una camiseta gris y un culotte blanco y me acosté y me dormí rápidamente.
A la mañana siguiente, me despertó el aroma de capuccino recién hecho me hizo levantarme como un resorte y fui directa a la cocina. Cuando entré en ella ví a Cristián ya vestido y desayunando y encima de la mesa de madera habia dos jarritas de barro en una había mermelada de fresa y en la otra había miel y Cristián estaba con una tostada untada por una capa fina de mermelada de fresa. Le dí los buenos días, y le pregunté que si no prefería la miel y le pregunté el por qué y él me respodió que no era tan dulce como yo.
Como el calzoncillo tenía una abertura central con un único botón, pues se quitaba fácilmente con una mano. Ya la tenía algo morcillona y se masturbaba lentamente, tomándose todo el tiempo del mundo en cada pasada de su mano para recorrer esos 15 cms de polla y ese glande grueso que empezaba estar muy bien lubricado por las prieras gotas de liquido preseminal. Yo me quedé viendo como Cristián se daba placer y repetía mi nombre entre gemidos, eso me chocó un poco porque nos acababamos de conocer y ahora se estaba pajeando diciendo mi nombre, pero a la vez me gustaba que lo hiciese, porque me daba morbo que alguien como él me tuviese en cuenta en sus fantasias eróticas y en sus "manualidades".
De pronto y sin hacer el mínimo ruido, abrí la puerta y dejé caer la toalla al suelo, Cristián me me miró, y paró su mano y me acerqué y me incliné mi cara hicia su glande lubricado y pasé mi dedo índice izquierdo por su glande y recogí una gota de líquido preseminal y me lo metí en mi boca, saboreándolo bien y despué le di un beso en el glande y le dije que era mejor que guardara esa leche caliente para el desayuno que me sabría mucho mejor.
Cristían me pidió que le quitara el calzoncillo porque tenía mucho calor y se lo quité y lo volvi a tapar y recogí la toalla y me fui a mi cuarto, me puse una camiseta gris y un culotte blanco y me acosté y me dormí rápidamente.
A la mañana siguiente, me despertó el aroma de capuccino recién hecho me hizo levantarme como un resorte y fui directa a la cocina. Cuando entré en ella ví a Cristián ya vestido y desayunando y encima de la mesa de madera habia dos jarritas de barro en una había mermelada de fresa y en la otra había miel y Cristián estaba con una tostada untada por una capa fina de mermelada de fresa. Le dí los buenos días, y le pregunté que si no prefería la miel y le pregunté el por qué y él me respodió que no era tan dulce como yo.
Yo me puse colorada y cogí una tostada y le puse miel y me la empecé a comerla, sin darme cuenta, una gota de dulce miel caía por mi labio inferior y Cristián dejó su tostada a un lado y me la limpió con la yema de su dedo gordo izquierdo y se lo chupó mientras que me miraba con esa mirada tan penetrante que me volvía tan caliente. Poco después, le pregunté por la mujer y me dijo que estaba haciendo la compra y tardaría. Yo me levanté, y me subí a la mesa delante de él, y le dije que ahora tendría que probar unos buenos fresones bastante dulces y me quité la camiseta y la dejé caer al suelo de la cocina. Acto seguido, Cristián cogió la jarrita de la miel, y me la empezó a echar sobre mis senos, poco a poco la miel iba cayendo por ellos y Cristián se acercó a mí y empezó a jugar con su lengua sobre mis tetas que hacía que mis pezones se endurecieran rápidamente y en ciertos momentos me los chupaba y eso me hacía derretir de placer.
A continuación, Cristián empezó a masajear mi clítoris con una de sus yemas, en círculos lentos por encima de mi culotte, que ya se encontraba empapado y me lo quitó despacio y abrí las piernas y Cristián me echó un poco de sirope de fresa sobre mi sexo y lo empezó a chuparlo hasta que me dejó reluciente y sastifecha de tres orgasmos bestiales y al final del tercero me dijo "BUEN DESAYUNO, KATE", mientras que se pasaba su lengua con los restos del sirope de fresa en sus labios.